martes, 5 de abril de 2016

3 momentos de un día.

He viajado durante meses. La recolta es lo que es, ni pequeña ni grande, pues incluso si sólo hubiera vuelto con una pequeña semilla, quién sabe cuánto pudiera crecer ésta? Si cayera en terreno fértil podría convertirse en un árbol grande, o simplemente en maleza. No tendré quizás los años para ver crecer un árbol. Mi ignorancia será compartida por quienes vean el árbol y se digan ¿Cómo pudo llegar este árbol a crecer en este lugar? En mis pantalones se enredaron espinas esféricas, como si yo fuera un oso o un conejo. No me bañé en semanas y volví con ellas hasta aquí, los barrios de mis antepasados. La tierra sigue siendo fértil por estos lados y creo ver a ya unos días de haber desembarcado malas hierbas que crecen e invaden el patio de mi abuela. Escucho decir que si haces las cosas en armonía con el Universo nadie te puede detener, ni aún la muerte. Hoy no sé qué es el Universo, ni que significa armonía. No seré yo quien decida si debí haber tomado un baño purificador antes de entrar en el hermoso jardín de flores. Nadie lo decidirá. Nadie sabrá qué pasó. El conocimiento crece día a día y alimenta macabramente la ambición del misterio. Nuestro eterno enemigo ahora lo recordamos como el niño con el que a veces peleábamos en el patio del colegio... Un amigo, a estas alturas.

Luz seráfica aparece en el horizonte. No sé si es luz, no sé si es música. A ratos pareciera que quien lleva el ritmo del cielo se hubiera perdido definitivamente. Cada spot de oscuridad es un abismo donde mueren miles de pájaros y humanos soñadores. Nuestra atención se pierde y descubre lo que creemos imposible. Según algunos expertos cuánticos lo que no es pero puede ser se va a otro universo que nace a cada instante. Según lo que yo creo y siento, el mundo desapareció hace milenios y aún no lo sabemos. Aún discutimos sobre lo uno y lo otro y en nuestra ignorancia quienes mejor creen entender este enorme supuesto se van deformando: a fuerza de acomodar su mente y cuerpo a la jalea se van haciendo jalea. Ni hablar de quienes se sienten afuera y se angustian. Quisieran estar adentro... pero adentro de qué? Acá no hay afuera ni adentro. Estamos en un Universo no-orientable. Sin ir más lejos, no hay Universo, no hay nada. Lo dijeron miles de años antes y quizás fue ese día triste y memorable en el que desapareció la Tierra, pero no quiero citar a nadie: hoy estoy completamente solo, infinitamente adentro  y afuera de todo, sumergido en lo externo de todas las existencias.

Un tren pasa por Lautaro. Llevo años escuchando ese hermoso sonido de fierros. La sirena lenta como el silbido de un dragón me devuelve a algo que podríamos llamar la Tierra. Luego despierto de mi ensueño y estoy nuevamente en un recodo de mi mente. El tren se ha desvanecido: quedó vibrando en el aire como un hilo: una serpiente fina y casi transparente que se pierde en la iridiscencia... el último amarre.



3 comentarios:

  1. el relato puede parecer algo triste, pero me sacó más de una sonrisa.

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    1. bacán :) ... son los términos científicos sacados de contexto?

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  2. jajaja no, sólo el sentirme identificada con algunas expresiones. Me gusta el sentimiento de música-luz, de infinito, universo, la no existencia. Siento la vibración del tren en el aire....me dan ganas de unirme a él.

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